Quests: marca dónde has estado, ve lo que falta y convierte un sitio en un plan
Quests es una funcionalidad nueva: marcas los sitios donde has estado, ves cuáles faltan y, desde cualquiera de ellos, puedes crear un plan o inspirar una actividad.
The Traveller tiene una funcionalidad nueva: Quests.
No es otra lista de sitios famosos ni un artículo general sobre retos viajeros. Es una pieza de la aplicación. Abres un Quest, ves un tablero de sitios, marcas los que ya has visitado, dejas visibles los que faltan y, si uno de esos huecos te apetece, lo conviertes en un plan o en una actividad.
Eso es lo que hace. El resto de esta guía explica cómo usarla.
En Quests eliges un reto concreto —las siete maravillas, España entre viñedos, los continentes, los océanos— y trabajas con objetivos reales. Cada objetivo tiene dos estados claros: ya has estado o todavía te falta. El Atlas alimenta el primero. Plan recoge el segundo.
Qué es Quests y para qué sirve
Quests se sienta entre el mapa que ya tienes y el viaje que todavía no has hecho.
El Atlas guarda ciudades, costas y lugares. Plan organiza fechas y paradas. Quests lee el primero y empuja hacia el segundo. No sustituye a ninguno de los dos. Les da un tablero compartido.
Cuando abres un Quest ves, de un vistazo:
qué sitios ya cuentas
cuáles siguen pendientes
qué puedes hacer ahora mismo con uno de los que faltan
No tienes que reconstruir de memoria si estuviste en Roma, en Machu Picchu o en una bodega de Rioja. Si ese viaje está en el Atlas, el Quest lo reconoce. Si no está, lo marcas tú. Si te falta, no se queda en un punto gris: puedes añadirlo a un itinerario o pedir una actividad a partir de ese sitio.
La funcionalidad cabe en una frase: un tablero de sitios que se pueden marcar, revisar y convertir en el siguiente viaje.
Los Quests que ya puedes abrir
Hoy hay varios, con escalas distintas. No hace falta seguirlos todos. Basta con abrir el que te dé una lista útil.
Las siete maravillas. Coliseo, Petra, Gran Muralla, Cristo Redentor, Machu Picchu, Chichén Itzá y Taj Mahal. Cada una es un sitio concreto, no un país entero. Haber volado a Italia no completa el Coliseo. Haber estado en el monumento, sí.
España entre viñedos. Rioja, Ribera del Duero, Rías Baixas, Marco de Jerez, Priorat, Penedès, Rueda, Ribeira Sacra y el resto de denominaciones del Quest. Aquí no cuenta haber dormido en Haro o cruzado Castilla. Cuenta haber visitado una bodega de esa región.
Los seis continentes y los cinco océanos. Más amplios. Un continente se apoya en las ciudades que ya tienes en el Atlas. Un océano, en una costa alcanzada.
También hay Quests de provincias y de países de un continente, para cuando el mapa que te interesa está más cerca de casa. Ahí el tablero se parte en visitadas y pendientes, y puedes pasar de una lista a la otra sin perder el recuento.
Abre uno. Mira el progreso. Decide si ese tablero te da una idea de viaje. El resto puede esperar.
Marca los sitios donde has estado
El primer gesto de Quests es marcar.
Si el sitio ya está en tu Atlas, muchas veces no tienes que hacer nada. Una ciudad visitada cerca del Coliseo puede completar esa maravilla. Una costa registrada puede completar un océano. Una provincia recorrida avanza el Quest territorial. El tablero lee el mapa que ya llevas.
Si el sitio no está, lo marcas a mano.
En las maravillas puedes añadirlo al Atlas cuando lo has visitado. El monumento entra en tu mapa y el Quest lo da por conseguido. En los viñedos el botón es Ya he ido: te pide el nombre de la bodega y la guarda en esa denominación. Puedes coleccionar más de una bodega en la misma región. No hace falta que la aplicación la conozca de antemano; si no aparece en la búsqueda, la añades igual.
Ese marcado no es decorativo. Cambia el recuento —«3 de 7», «6 de 15»—, deja el sitio como conseguido y, si existe, enseña la fecha, la memoria o la ciudad que lo demuestra. Si más adelante quieres ver el recuerdo, el Quest te devuelve al Atlas. El sitio marcado sigue siendo un lugar de tu mapa, no una casilla suelta.
Marcar también sirve para ser honesto. Un aeropuerto no es una maravilla. Dormir en Logroño no es Rioja. Si dudas, déjalo pendiente. Un tablero con huecos claros vale más que uno inflado.
Ve cuáles te faltan
El otro lado del tablero es igual de útil.
Cada Quest lista los objetivos conseguidos y los pendientes. Los que faltan no se esconden. Aparecen apagados, con el aviso de que todavía no los has descubierto, y con el lugar concreto —Roma, Cusco, La Rioja, la costa atlántica— para que sepas qué cuenta.
Arriba ves el progreso: cuántos llevas, cuántos son en total, el porcentaje. En las quests de territorios o de países puedes pasar de la pestaña de visitadas a la de pendientes. En las maravillas y en los viñedos la lista es el propio tablero: un vistazo basta para ver el hueco.
Eso es la parte práctica de la funcionalidad. No «hay retos». Hay una lista que puedes ir completando y otra que te dice, sin rodeos, qué te falta.
Si te faltan dos maravillas, esas dos dejan de ser una idea vaga. Si te faltan Rías Baixas y Ribeira Sacra, ya tienes un fin de semana gallego posible. Si te falta un continente, sabes qué hueco hay en el Atlas. Si te falta una provincia, puede ser la excusa de un puente, no de un viaje alrededor del mundo.
Puedes seguir un Quest para tenerlo a mano, o abrirlo solo cuando quieras revisar el tablero. El progreso no se pierde. Tampoco obliga: un sitio pendiente no es un deber. Es información.
De un sitio que falta a un plan o una actividad
Marcar y ver huecos no sirve de mucho si el siguiente paso se queda en la cabeza.
Por eso, en cada sitio pendiente Quests ofrece dos salidas hacia Plan:
Añadir a un plan. El sitio entra en un itinerario. Eliges fechas, encajas paradas y el objetivo del Quest pasa a ser una etapa del viaje. Una maravilla puede ser la razón principal. Una denominación puede ser solo un día entre dos ciudades.
Inspírame una actividad. En lugar de empezar el plan en blanco, pides ideas a partir de ese sitio. Una maravilla prellena un viaje cultural. Una región del vino prellena gastronomía y una ciudad de partida —Logroño, Aranda, Cambados, Jerez— para el fin de semana. El destino deja de ser un nombre en una lista y pasa a ser una propuesta con fechas.
Ese es el uso que más nos interesa: convertir un hueco del Quest en un plan real.
Un ejemplo con maravillas. Llevas cinco. Te faltan Petra y el Taj Mahal. Abres Petra y, en vez de dejarla como un punto lejano, la añades a un plan o pides una actividad alrededor de Wadi Musa. Otro con viñedos. Has marcado Rioja y Ribera del Duero. Te falta Priorat. Inspirar una actividad te da un motivo concreto para un puente, no solo un nombre pendiente.
Cuando el viaje ocurre, el sitio vuelve al Atlas. El Quest lo da por conseguido. El tablero se actualiza. El ciclo es corto a propósito: marcar, ver el hueco, planear, volver.
Si más adelante quieres viajar más despacio una vez tengas el destino, slow travel encaja después, no antes. Primero eliges el sitio. Luego decides el ritmo.
Cómo se apoya en el Atlas — y cuándo no basta el Atlas
Si ya llevas años añadiendo ciudades, es muy probable que varios Quests empiecen a medio completar. Eso es deliberado. No te pedimos que alimentes otra lista desde cero. El mapa que ya tienes es el punto de partida.
Hay excepciones a propósito. En España entre viñedos no cuenta haber dormido en la provincia. Cuenta la bodega. Por eso el marcado es explícito y pide el nombre. En las siete maravillas el monumento es el objetivo, no el país. Haber estado en Pekín no completa la Gran Muralla si no has estado en la muralla.
El resto —continentes, océanos, provincias, países— se apoya más en lo que ya está en el mapa. Cuanto más honesto sea el Atlas, más fiel será el tablero.
Si estás empezando, no hace falta reconstruir toda tu vida. Marca un sitio del Quest que sí recuerdes y deja el resto pendiente. Un tablero con huecos claros es más útil que uno inflado. El progreso aparece cuando el viaje está registrado, no cuando lo imaginas.
Empieza por un Quest
Abre Quests. Elige las maravillas o los viñedos, o el que te encaje ahora.
Marca lo que ya has vivido. Mira lo que falta. Si uno de esos sitios te apetece, conviértelo en un plan o inspira una actividad.
No tienes que completar el Quest. Con que un hueco te dé el siguiente viaje, la funcionalidad ya está haciendo su trabajo.