Recuerdos
Cómo organizar las fotos de todos tus viajes
El carrete ordena por hora. Un viaje se vuelve a encontrar por ciudad, y por las pocas fotos que todavía dicen algo.
The Traveller Journal6 min de lectura

En este artículo
Organizar las fotos de un viaje no es respaldarlas todas. Es decidir cuáles siguen contando algo cuando ya no recuerdas el día en que las hiciste.
Funciona con el carrete, con una carpeta o con cajas de hace años. No depende de una aplicación.
Empieza por tirar, no por ordenar
Ordenar mil fotos es una forma de no mirarlas. El primer paso es quedarte con menos.
Haz tres montones, aunque sean virtuales:
- Sí. La reconocerías dentro de cinco años sin leer la fecha.
- Duda. Tiene a alguien, o una luz, pero hay otra casi igual mejor.
- No. Está oscura, repetida, cortada, o era un recordatorio —el número del autobús— que ya cumplió.
Borra el tercer montón, o sácalo de la carpeta del viaje. No lo archives «por si acaso» al lado de las buenas. Por eso nadie abre el álbum.
Del montón de la duda, quédate con una de cada ráfaga. La ráfaga entera no es un recuerdo. Es el momento antes de decidir el encuadre.
De 800 fotos a unas 80
Un ejemplo, no una norma. Una semana, 800 fotos.
- Fuera lo oscuro, lo cortado, las capturas y los recordatorios. Te quedas con unas 300.
- De cada ráfaga, un solo encuadre. Unas 120.
- De esas, las que aún dicen quién estaba, dónde comiste o qué tiempo hacía. Alrededor de 80.
- Una por día para enseñar. En una semana, siete. Las otras quedan de archivo.
Si verlas te lleva una hora, todavía no has tirado bastante.
Elige qué hace memorable una foto
No es la más nítida. Es la que responde a una de estas preguntas:
- ¿Quién estaba?
- ¿Qué tiempo hacía de verdad?
- ¿Dónde comimos, dormimos o nos perdimos?
- ¿Qué no saldría en una guía?
El monumento bien encuadrado puede quedarse, una vez. La mesa de después, la cama deshecha, la parada del autobús bajo la lluvia dicen más del viaje, porque no las tiene ya todo el mundo.
Si una foto necesita un párrafo para entenderse y no te apetece escribirlo, quizá no sea de las que guardas. O quizá baste una línea. Eso ya es un diario: cómo escribir esas líneas sin que se conviertan en deber.
Ponles un lugar
La fecha sola no alcanza. «2019» puede ser tres viajes. El lugar es lo que te permite volver a entrar.
Trabaja viaje por viaje, y dentro del viaje, ciudad por ciudad. No por mes. Un mismo mes puede tener un fin de semana en una capital y una semana en otra parte.
El nombre del grupo debería decir el sitio, no el dispositivo. «Roma, octubre» gana a «IMG_4412» y a «Viaje Italia definitivo final». Si hubo varias ciudades, no las mezcles en una carpeta con el nombre del país. El país es demasiado grande. La ciudad es el cajón que luego sabes abrir.
Las fotos sin lugar no están perdidas, pero hay que decidirlo a mano. Si no recuerdas dónde fueron, no inventes una ciudad para que el archivo quede limpio. Déjalas en un grupo de «sin sitio» o bórralas si tampoco dicen nada.
Fechas que se puedan leer
La cámara suele guardar la fecha en el archivo. Aun así, el nombre de la carpeta debería llevar el año, y el mes si viajas a menudo. Dentro, no renombres cada archivo. Renombra el grupo.
Si viajas a la misma ciudad en años distintos, no lo juntes. «Lisboa 2016» y «Lisboa 2024» son dos viajes. Juntarlos hace que el segundo borre al primero.
Comprueba el cambio de huso. A veces la primera foto del día aparece en el día anterior. No hace falta corregir cada minuto. Sí hace falta que el día de llegada no se mezcle con el vuelo si eso te confunde al buscar.
Favoritos
Una por día, o una por ciudad si el día no dio para más. Un corazón en todas es lo mismo que ninguno. Esas son las que abres cuando alguien pregunta. El resto puede existir, en otra vista.
Copias
Una sola copia en el teléfono no es una copia. Es una esperanza.
Quédate al menos con dos sitios distintos, y que uno no dependa de que el teléfono siga entero:
- El teléfono o el ordenador donde trabajas
- Un disco o una nube que abras de vez en cuando, no solo el día que la contratas
La nube cuenta si sabes entrar y si cabe lo que guardas. Un disco cuenta si lo enchufas alguna vez. Elige el sistema que ya usas. Una carpeta aburrida que sí copias gana a un sistema nuevo abandonado a las dos semanas.
No dupliques los descartes. Copia lo que sobrevivió al primer filtro. Así la copia también se puede mirar.
De las carpetas a las ciudades
Cuando el viaje ya está reducido por ciudad y con el año en el nombre, puedes dejarlo así.
Si quieres abrir la ciudad y ver esas fotos, en el Atlas se añaden a la ciudad, no a un álbum del país entero. Unas pocas bastan. Un vídeo corto cabe si el gesto importa más que el encuadre.
Hay dos formas de traer lugares, y ninguna adivina la imagen. Desde las fotografías de este dispositivo, se lee el lugar que el archivo todavía guarda. Las que no lo traen se quedan fuera. También puedes usar el archivo de historial de Google Maps. Google Photos no está conectado.
Una escala no tiene por qué entrar. El criterio para distinguir una visita de un simple paso está en el registro de países y ciudades.
Esas ciudades, con pocas imágenes y una línea si la tienes, ya se pueden leer como capítulos. Cómo ordenar ese material no pide más fotos. Pide por dónde empieza y qué se queda fuera.
Sigue viajando

Recuerdos
Cómo crear un diario de viaje digital
Un diario de viaje sirve cuando guarda poco, a tiempo, y en el lugar donde pasó.

Recuerdos
Cómo convertir los recuerdos de un viaje en un libro
Un libro de viaje no es un álbum con pies de foto. Es lo que queda cuando has quitado casi todo.

Recuerdos
Cómo llevar un registro de todos los países que has visitado
Contar países es un atajo. El mapa que luego quieres abrir está hecho de ciudades, no de casillas.